viernes, 18 de octubre de 2013

Olvidar el olvido

"- Y tú ¿Quién eres?
Esas fueron mis primeras palabras tras encontrarme aquella cara rechoncha y aviejada para su edad. No pude evitar el quedar absorta por esas cejas, inclinadas hacia abajo en los extremos. Irremediablemente atraídas por una fuerza desconocida hacia los ojos, aplastándose sobre ellos, convirtiendo un gesto triste en algo basto y desmañado. Al mismo tiempo, sentía que la sombra siniestra sobre su labio superior  me miraba más intensamente que esos aplastados y vacíos ojos de pez.
Esa sombra se curvo de repente cuando sus labios cuarteados, temblando, fingieron penosamente una sonrisa.
- ¿De verdad no te acuerdas de mí?
Sí que parecía pensar que era broma, quizá no fui clara o creíble, podría haberse quedado en una broma solo por la compasión que inspiraba toda esa aura de borrego. Pero estaba mi obstinación.
- Verdaderamente no te conozco de nada, pero sálvame de mi desmemoriado cerebro contándome cuánto me conoces tú.
Al instante una mezcla de desprecio, contrahecha suspicacia, mal puesta altivez y confusión, pasaron por sus rasgos comunes dándome la satisfacción solo a mí.
Alguien listo habría dudado, pensado antes de hablar, me habría observado, disimulada pero detenidamente. Alguien normal simplemente habría notado las comisuras de mis labios apretando una carcajada y el tono sarcástico y lleno de desprecio en mi voz. Ella no era ninguna de las dos cosas.
Abrió la boca varias veces, comenzando a parecer un animal acuático en vez de uno de tiro. Se le juntaron aun más las cejas, como si hiciera esfuerzo para pensar. Creí de verdad que empezaría a contarme quien era y tendría que decirle que llegaba tarde a alguna parte aunque llevaba una hora sentada en ese parque. Pero se calló, supongo que se dio cuenta al final de que solo quería olvidarla de verdad.
- Bueno, en ese caso perdona, solo quería ver qué tal te iba.
Me miró en aquella última frase como si tuviera que arrepentirme de haberla olvidado o de siquiera mencionarlo, aquellos ojos muertos me miraron como si fuera culpable de algo.
Pero sonreí, mi sonrisa más cálida, como si fuera a darle galletas recién hechas y un gatito para que lo acariciara, y eso volvió a trastocar su rostro desproporcionado con la sucesión de gestos anterior.

Me levante de repente, y me despedí con la mano mientras seguía sonriendo de aquel modo, mientras  le deseaba suerte, felicidad y todo lo que siempre consiguen los tontos."