sábado, 25 de mayo de 2013

Estabas muerto

Recorro esa biblioteca tan familiar ahora para mi, la que tu mismo me enseñaste, con este vestido verde como un bosque de abetos, con las horquillas en el pelo, apartándolo de mi cara, las que tu me regalaste, parecía estar invocándote a cada latido, parecía tan real.

Recorrí un pasillo entero y otro, buscaba un libro concreto, aunque llevaba ya tres entre los brazos; una extraña historia de cuento con apenas paginas, un gran tomo voluminoso y sin nombre, y un discreto, humilde y sincero relato de paginas amarillentas.

Buscaba en la W, después en un minúsculo rincón para la X y así, distraída, concentrada en mi tranquila tarea, vi tus pies y luego tu rostro. Me quede toda tiesa frente a ti al reconocerte, estabas en mitad de ese corredor, mirándome sin mas, tan sereno y amigable.
La escena, aún dormida, me parecía sin sentido.

No podrías saberlo, cómo sangraba ese corazón al verte de nuevo. Cómo la sangre que perdía a esa velocidad estaba dejándome sin visión, frente a ti.
Y tu dejaste de sonreír al ver mi expresión, mas dura de lo que mi corazón me imploraba. Tu gesto se volvió triste y distraído hasta que yo hable.

   -¿Qué haces tú aquí?

Mi voz sonó tan cruel, tan despectiva, al instante me arrepentí pero es que mi dolor, no me dejaba ni respirar.
Casi como una criatura indefensa y asustada me miraste, arrepentido de no sabias que, se me revolvió el estomago hasta ponerse del revés al oler tu perfume  y ver como uno de tus rizos se movía sutilmente por el cuello de tu camisa.

- Solamente había parado un momento aquí, no iba a quedarme mas de unas horas... solo estoy de vacaciones y esto me pillaba de camino. No sabía que estarías tu aquí.

Te ibas ya, fue lo primero que mi mente pensó con un grito de pánico, te ibas... como siempre te vas. Todos los libros se cayeron al suelo desde unos brazos sin fuerzas.

Tu corriste hacia mi, los recogiste y pensé; “levantaras la cabeza, me miraras, me dirás que me habías echado de menos mientras sonríes de esa forma tuya que hace creer que estas haciendo algo malo, y luego te iras.. o quizás, no me digas nada.. solo te quedes con mi aparente desprecio y yo me arrepienta durante otro año mas o año y medio.. quien sabe”

Era solo un sueño, pero hasta en mis sueños vives para matarme. Así que, sonreíste, pero no como yo esperaba, sino de una forma arrogante y falsa y solo dijiste “Mi novia esta esperándome”

Tu espalda fue lo único que se despidió de mi, te vi pequeño, mas pequeño que nunca. No me asome al corredor para verla a ella, ni baje a la calle por si acaso, solo me desperté y me quede esperándote.

jueves, 9 de mayo de 2013

Engelen

Era un ser a medio camino entre un ramo de posibilidades.
Unos ojos hermosos habrían dicho que parecía un ángel postrado con ese aire digno en mitad de la inmundicia. Pero unos ojos crueles, habrían visto simplemente a otra rata en su agujero.


Sobre sus rodillas se apoyaba, la cabeza casi tocando el suelo, los ojos inmóviles hacia el mismo.
Una única fuente de luz se presentaba en la estancia y solamente alcanzaba a iluminar el espacio que ocupaba aquel ser.
En su espalda la luz mostraba unas extremidades negras, delgadas y alargadas como cables, que hubieran estado en el lugar de las alas de ese ángel supuesto.
Algunas de esas extremidades posteriores eran mas cortas que otras y parecían rebanadas de un tajo, nunca curadas, por lo que desprendían un olor nauseabundo. 
Otras, las mas largas, se movían tenuemente, como miembros agitados por la sangre que impulsa el corazón a través de ellos.
Y así eran, una especia de manos tenían al final los que aun estaban vivos, entre cinco y siete, el resto, mutilados, eran incontables.


El ser vio algo por el rabillo de uno de sus ojos, una de sus manitas negras comenzó a tantear ese suelo extrañamente pulido, alejándose de su círculo de luz, hasta la oscuridad envolvente. El resto del ser no se movió en absoluto, solo uno de sus ojos estaba fijo y atento a la dirección en la que enviaba aquella mano diminuta, el brazo que la unía a su espalda se estiraba infinitamente, mas y mas en la oscuridad, mas profundo, hasta que palpó algo.
El ser, con un silencioso y calculado movimiento de cabeza posó sus dos ojos en la oscuridad, pero sólo su mano podía adivinar algo en ella.

El tacto de aquel objeto era ligeramente rugoso, agradable, se imaginaba opaco, recordaba a la madera. Porque aquel lugar era una biblioteca.

Pero el ser desconocia aquello, sólo en la noche mas oscura había podido vislumbrar apenas, acostumbrándose a la falta de luz, las estanterías, como muros que le separaban del mundo, solo muros, porque los libros le eran imposibles de distinguir, enterrados en las sombras. 

Y ahora palpaba  una de esas escaleras de madera que solo hay en las grandes bibliotecas, para los estantes mas altos. Tocó un escalón, y siguió ascendiendo hasta que su brazo, como con vida propia, se quejó por la excesiva tensión. Y el ser dejo su mano aferrada entonces al primer escalón que había sentido, y sonrió, muy muy poco, apenas perceptiblemente.

El tacto de la madera estaba consiguiendo reconfortarle, sus ojos estaban cerrándose en un gesto de paz, se sentía con ganas de dormir, hacia mucho tiempo que no descansaba. Pero de pronto, con salvaje impertinencia, tan de repente, la voz habló para solo decir: “eso también me pertenece”

Parecía fría, insensible, como si estuviera muy por encima del ser, pero el ser sabia que la voz no era insensible, ni fría, porque alguien así, también seria lógico y practico. Y la voz unicamente ansiaba el poder, la voz ansiaba controlar el dolor, producir el dolor, pero al mismo tiempo la voz no era consciente de ello.

Y en cuanto la oyó, sin vacilación alguna, sacó una macheta de algún lugar entre sus negras protuberancias, y de un golpe tan increíblemente rápido como rabioso, cortó de un solo tajo el brazo que aferraba el escalón. Y este se estremeció un momento, replegándose el muñón hasta quedar tendido cerca del cuerpo del ser, arrojado sobre el suelo, frio y muerto.

Ni siquiera sangró, y el ser ni siquiera gesticuló, ni emitió sonido alguno, pero la paz de su rostro había desaparecido. En su interior su corazón palpitaba violentamente aunque en el exterior nadie podría notarlo, una mezcla de miedo y profunda tristeza halló de nuevo lugar en ese corazón desbocado, en mitad del silencio, en mitad de la insensibilidad. Y su cabeza se acercó un poco mas al suelo y sus rodillas ya no sujetándolo, es estiraron, hasta que al final, quedó tumbado, sintiendo el frío encerado con todo el largo de su cuerpo.


En sus ojos clavados, no había nada.




sábado, 4 de mayo de 2013

"Tenía tanto miedo a quedarme sin ti, tanta adicción me habías creado, que me aferré al único placebo que encontré y creí, que me mantendría a flote durante un tiempo suficiente para curarme de ti... Pero ese tronco también se pudrió enseguida y quede a merced de la tormenta y a merced de tu nuevo veneno, aun cuando llegué a suplicarte que me abandonaras del todo, totalmente loca de desesperación, tu continuaste matándome lentamente, quitándome, pedazo a pedazo, lo poco que me quedaba de corazón. Y cuando desapareciste, fue como ser consciente por fin, con las aguas calmas, de que había naufragado en una noche que nunca terminaba y ya no quería seguir viva. 
Pero debía estarlo.
Debía fingir que vivía aunque te hubieras llevado incluso mi aliento, aunque cada día me recordara que yo te había dejado llevártelo. Porque había quienes sufrirían con mi muerte, y quienes necesitaban de mis acciones en este mundo, y por lo tanto, nadé, y me aferré a los pedazos que flotaban, a veces demasiado fuerte, aun cuando todos se hundían para dejarme de nuevo sola en las aguas, aun cuando yo era consciente de eso. Y el tiempo pasó, pasó de un modo tan estéril en aquella nada que parecieron siglos y cada día en mi interior era mas árido y viejo y nada me saciaba, ni el dolor desaparecía.
Y aquellos que me hablaban decían que pasaría, pero aquí estoy, tras todos estos años, aun sabiendo cuando vendrás porque mi respiración desaparece y mi alma pugna por salir entre mis dientes cada vez que estas cerca. Así que sí, te ame, más verdaderamente que a nada en toda mi existencia, te amé como sabes que nadie lo hizo ni lo hará jamás, porque nadie quizá es tan valiente o tan estúpido para arriesgarse de tal modo."