sábado, 6 de abril de 2013

Mano de hada



Caminaba sobre una tierra adormecida por la lluvia, una lluvia que antes solía colocarle una sonrisa.
Mientras se desplazaba no miraba mas allá de sus pies en movimiento, uno delante del otro, como tantas veces se había repetido, uno y otro.. otro paso mas.
Empezó a pensar, esa idea espesa y apremiante que en soledad se aferraba a sus mas apartados deseos e instintos. 
La idea de la muerte.

Aquella lluvia no lograba diluir ese pensamiento, nada saciaba su hambre o su sed desde que apareció, tampoco su sueño alejaba su cansancio, ni la risa eliminaba su dolor.
Pero ella seguía caminando porque alguien le había dicho que debía hacerlo.

Empezó a preguntarse al topar con su reflejo; qué sentido tiene mi nombre, cualquier nombre que elija o que elijan para mi, qué sentido tiene, qué razón, qué motivo, qué objetivo tiene... ser.
Silencio.


Cuando llegó a un lugar seco se desprendió de las ropas húmedas de abrigo, pero siguió tiritando aun después de pasar horas junto al fuego, había frío en su interior. 
El sueño la llamó.

Y en el sueño vió. Había una mujer delgada como un tallo, que se doblaba singularmente al caminar, con unos ojos empachados de negrura que la miraban, pero veían mucho mas allá.
Sintió en su presencia una repentina alegría desbordante que casi ahogaba su alma.

La mujer sonrió con una linea fina en su rostro verdoso, carente de labios, y le tendió su mano. A través de la piel una sabiduría antigua se infiltrara en su ser, esos ojos negros le hablaron con chasquidos de ramas y golpes de viento, colocándole un anhelo y una esperanza hasta entonces perdidos.

Despertó de sopetón, en sus oídos parecían resonar aun aquellos extraños sonidos, pero al mirar a su alrededor y ser consciente de nuevo, todo lo sentido en el sueño se desvaneció. El peso de su recuerdo la lleno de una extraña determinación.


Después de esa noche, recordó todo con claridad, volvió a pasear sus pies por la tierra mojada, miró la luz del un sol cruel, observo como la gente caminaba por las calles y en su casa, deslizo sus manos por aquellas paredes que había visto desde que tenia memoria. Ya no quedaba nadie que pudiera recordarla o saber de su existencia.
Se acurruco en aquel rincón en el que se había quedado tantas veces hasta el amanecer, hasta que las lagrimas empapaban toda su ropa.


Algunos días mas tarde otra persona pudo explicar cómo sus ojos opacos miraban algún infinito, lejos de la comprensión de ese mundo vivo y humano y como para la incredulidad de aquel desconocido, ella había dejado una ultima sonrisa en aquel cascarón frio.

El silencio, siempre el silencio, guardó su secreto. Y quien era, ya no fue una cuestión real.
Porque cuando ella abrió sus nuevos ojos sintió la vida verdadera en su interior. La mujer verdosa como un tallo le tendió su mano de nuevo, y aquella vez pudo sujetársela y caminar a su lado. Pudo ver ahora, con esa visión para la que todo en el universo parecía claro.

Así ella sintió el musgo bajo sus nuevos pies, y percibió la luz, que era ahora como piedras preciosas cayendo del cielo. Su corazón quedo colmado con cada mínimo aspecto de la vida palpitante que la rodeaba.


Ahora era capaz de comprender, ahora tenia un lugar, un hogar, un sentido, un principio.