domingo, 22 de diciembre de 2013

La cueva

"...Al rato de permanecer en aquella tenue luz, la oscuridad que delineaba las paredes comenzó a danzar ante sus ojos, como una sustancia viscosa y viva. 
Le parecía oír sonidos, siseos, pasos, ecos de voces cuya distancia no impedía detectar su malignidad.

No tardó mucho en sentarse en cualquier parte entre las sombras, agotada por la constante alerta.
Y en su descanso se dio cuenta de que aquel lugar era en verdad un pozo de calma. Sus imaginaciones de espanto desaparecieron en el completo silencio. Todo se fundía en ese vacío; el tenue crepitar de la llama solitaria, la ocasional gota de agua que se deslizaba; horadando durante siglos la roca, el latido de su corazón, el pitido de la electricidad recorriendo su sistema nervioso; dando vida a ese mismo pensamiento. El vacío lo era todo, el silencio no dejaba nada."


viernes, 18 de octubre de 2013

Olvidar el olvido

"- Y tú ¿Quién eres?
Esas fueron mis primeras palabras tras encontrarme aquella cara rechoncha y aviejada para su edad. No pude evitar el quedar absorta por esas cejas, inclinadas hacia abajo en los extremos. Irremediablemente atraídas por una fuerza desconocida hacia los ojos, aplastándose sobre ellos, convirtiendo un gesto triste en algo basto y desmañado. Al mismo tiempo, sentía que la sombra siniestra sobre su labio superior  me miraba más intensamente que esos aplastados y vacíos ojos de pez.
Esa sombra se curvo de repente cuando sus labios cuarteados, temblando, fingieron penosamente una sonrisa.
- ¿De verdad no te acuerdas de mí?
Sí que parecía pensar que era broma, quizá no fui clara o creíble, podría haberse quedado en una broma solo por la compasión que inspiraba toda esa aura de borrego. Pero estaba mi obstinación.
- Verdaderamente no te conozco de nada, pero sálvame de mi desmemoriado cerebro contándome cuánto me conoces tú.
Al instante una mezcla de desprecio, contrahecha suspicacia, mal puesta altivez y confusión, pasaron por sus rasgos comunes dándome la satisfacción solo a mí.
Alguien listo habría dudado, pensado antes de hablar, me habría observado, disimulada pero detenidamente. Alguien normal simplemente habría notado las comisuras de mis labios apretando una carcajada y el tono sarcástico y lleno de desprecio en mi voz. Ella no era ninguna de las dos cosas.
Abrió la boca varias veces, comenzando a parecer un animal acuático en vez de uno de tiro. Se le juntaron aun más las cejas, como si hiciera esfuerzo para pensar. Creí de verdad que empezaría a contarme quien era y tendría que decirle que llegaba tarde a alguna parte aunque llevaba una hora sentada en ese parque. Pero se calló, supongo que se dio cuenta al final de que solo quería olvidarla de verdad.
- Bueno, en ese caso perdona, solo quería ver qué tal te iba.
Me miró en aquella última frase como si tuviera que arrepentirme de haberla olvidado o de siquiera mencionarlo, aquellos ojos muertos me miraron como si fuera culpable de algo.
Pero sonreí, mi sonrisa más cálida, como si fuera a darle galletas recién hechas y un gatito para que lo acariciara, y eso volvió a trastocar su rostro desproporcionado con la sucesión de gestos anterior.

Me levante de repente, y me despedí con la mano mientras seguía sonriendo de aquel modo, mientras  le deseaba suerte, felicidad y todo lo que siempre consiguen los tontos."


lunes, 5 de agosto de 2013

Los dioses no pactan




>>Estoy bajando del tren, con los nervios ahogándome desde el fondo del estomago hasta el pecho, revolviendo mi corazón y atando mi lengua, haciéndome mirar con los ojos enloquecidos de un lado a otro.

Hay tanta gente. Al fondo junto a las escaleras, veo a un hombre famélico con una cría de gato regordeta en su hombro, que lo observa todo con una calma impropia de su edad. Me hacen sonreír, pocas cosas lo hacen ya. 
Es entonces cuando tú me encuentras, te acercas a mi mientras yo solo me fijo en la extraña pareja, me ves por primera vez mientras aun estoy sonriendo y sonríes, justo cuando me giro para descubrirte.
Algo pasa, en cuanto veo tus ojos, algo me advierte, algo me aterra. Pero también vuelven los nervios y se me esta olvidando.

Parece que alargas el brazo para darme la mano, yo quería darte un abrazo, y justo entonces me coges la maleta y me das un único beso en la mejilla, vuelvo a sonreír.

- Vamos, he preparado algo para comer, espero que te guste y no sea demasiado espantoso.-dices mientras caminas rápido hacia la salida

-Seguro que cocinas bien, no te hagas el modesto.


>>Ahora estoy en esta cama, todo es como imaginaba, como deseaba.
Oigo tu respiración mientras duermes, y siento un frio creciendo muy dentro de mi, quemándolo todo, duermo al final pero con miedo a los sueños.

>> Me has despertado pronto, con la alegría de un niño en los ojos, como si nunca te hubieran roto. Vamos a caminar a un lugar bonito, comemos allí, entre dos arboles bien grandes y robustos y me quedo dormida sin querer. Empiezo a estar tan casada de repente, tirito de frio en pleno verano y tu me abrazas aunque no es suficiente. Cuando abro los ojos de nuevo mi cabeza esta en tu regazo y no has dejado de mirarme, la dicha me llena, mientras algo me aterra.

El atardecer avanza, me parece que mas deprisa de lo normal, pero no me importa, sigo entre tus brazos. Hasta que finalmente nos ponemos en pie, tienes que ayudarme porque tengo las piernas como dormidas, pero aunque me ayudes siento que me caigo.

Estoy en el suelo, me duele todo el cuerpo pero al mismo tiempo no lo siento mio, el frio esta ocupándolo por dentro, echándome. 
Ya no sonríes, ya no estas alegre como un niño, gritas, me gritas, encima de mi y yo en el suelo, hay sangre en tus manos pero estas ahí, a mi lado, así que no me importa, sonrio.

>> Hay luces blancas, el frio me ha dejado un hueco aquí en mi mente, pero ya no siento nada mas. Sigues gritándome mientras las luces van deprisa sobre nuestras cabezas, entonces noto que hay otras personas y comprendo que estoy en un hospital, se de repente que el precio esta siendo cobrado. Entonces me revuelvo, golpeo estas paredes heladas en mi interior, golpeo, golpeo, grito, la furia derrite, me deja ser consciente, pero ya estoy atrapada dentro de mi misma.

- por favor diganme que le que pasa, ella no vive aquí, yo soy la única persona que conoce.
- si no eres familiar no puedes pasar, son las normas.
- pero tiene que entenderlo, nadie va a venir, solo estoy yo.
-hablaré con el medico, espera.

Oigo una concisa conversación encerrada en metal, luego unos pasos se acercan, una voz confiada y tranquila habla con cierto temor.


- no se como decirte esto chico... la verdad es que me siento desconcertado. No sabemos que le ocurre, no está enferma pero se esta muriendo.-hay una pausa en la que algo se rompe.- Necesito que me digas de donde viene para pedirles el historial, quizá ya estén al tanto de esto y podamos hacer mas.

La furia me reclama, me desvanezco entre la ondas de la superficie de mi conciencia, sumergiéndome mas y mas profundo en esas aguas negras que ha dejado el hielo al deshacerse.

>>Les estoy llamando y siento sus inteligencias escuchando, pero no acuden, parece que se ríen.
Hice un pacto con mis dioses ¿qué clase de dioses hacen pactos? Los dioses otorgan sus dones como premio, protegen, alientan, crean o destruyen, pero jamás pactan. Ahora tengo la mente más clara que nunca.

Hacía no suficientes años, estaba tan desesperada que mi dolor me atrajo hasta ellos; una noche como otras noches en una vida que ya no tenia sentido, tuve un sueño oscuro y largo, como si viajara a través de un cielo nocturno completamente vacío, flotando entre la nada y el suelo ensombrecido por la falta de sol. Hasta que aparecí en una sala también negra e infinita, pero no vacía. 
A mi alrededor había una especie de tronos de piedra en los que nadie se sentaba, al poco tiempo, aparecieron ellos, caminando a mi alrededor, figuras que reconocí al instante.

Ahora pienso que solo se mostraron bajo esa forma porque sabían que me haría sentir bien.

Ella fue la primera en hablarme, con palabras tiernas que me llenaron de un sentimiento de pertenencia y validez.

- Al fin has llegado a nosotros, te enviamos todos esos sueños, todas esas señales durante tu corta vida, sabíamos que nos encontrarías.-hablaba como una madre orgullosa.
- lo sabíamos-dijeron las otras voces, también cálidas.
- ¿Sabéis por que he venido?-inmediatamente me sentí avergonzada por aquella pregunta, ellos podían ver todo lo que había dentro de mi, claro que lo sabían.- ¿Es él real? ¿existe en mi mismo mundo? ¿Esta buscándome también? ¿sufre?
- Si-dijo ella acariciándome
- Si-dijeron las demás voces
- Deseo encontrarle, como sea... pero... mejor, deseo que el me encuentre a mi.
- ¿Darías cualquier cosa a cambio?-se acerco ella aun mas, melosa
- ¿cualquier cosa?-las otras voces elevaron el tono
- Si.-mire la oscuridad detrás de sus brillantes figuras como si pudiera ver algo, quizá una respuesta. Pensé la siguiente frase largo tiempo, lo que juzgue en aquel momento, enajenada por la soledad y el dolor, que sería un trato sin falla alguna.- Una vez el me encuentre, una vez sea consciente de que soy yo, sin lugar a duda alguna, podréis llevaros mi vida.

Yo creí, creí... creí que seria tan vieja cuando eso pasara que la propia muerte ya se habría encargado de llevarme. Creí... creí...

>>Aun tan lejos noto tus dedos entrelazando los míos, siempre te he notado, y tu a mi... por eso seguiré llamándoles, tengo que convencerlos de algún modo, sacar mas tiempo aunque sea un poco, aunque sea para morir por ti y no solo por tenerte.









viernes, 21 de junio de 2013

Mientras ella reía...

Aun seguía allí en esa oscuridad, yo en mitad de una infinita negrura humeante como si jamas hubiera estado en otro lugar, como si no existiera otro lugar.
No estaba sola esta vez, frente a mi, otra yo que me miraba con mis ojos sin ser mios, y en ellos solamente pude encontrar la frialdad mas pura.

Ella sonrió, su rostro parecía cortado a la mitad por el filo cruel de uno dientes blanquisimos.
Entre sus dedos se escondía el mango de un cuchillo largo, su hoja resonó en una aguda. Ella lo esgrimió creciendo su sonrisa, hundiéndolo finalmente en su vientre, igual a mi vientre.
La tensión que mostraba su mano al sujetar el arma mientras esta cortaba, forzaba a sus tendones a mostrase bajo la piel. Sangraba a borbotones con el lento y constante avanzar de la hoja en su interior, mas y mas dentro cada vez. La carne oscura del interior por fin se encontró con el exterior en un sonoro chapoteo de tejidos. La sonrisa crecía. Cuando de ella manaron cientos de manos humanas con todos sus dedos esforzándose, agitándose, alargándose hacia mi.
Mientras, ella reía...

miércoles, 12 de junio de 2013

Mientras yo sangraba...

Era una tarde de sol, pleno verano. Gran cantidad de personas pululaban en todas direcciones, sin propósito ni medida, solo gente tras el cristal de mi percepción. Me sentía dichosa, quizá solo estaba despistada, alejada de la verdad durante el tiempo suficiente, porque una presencia reconfortante caminaba junto a mi, bajo ese sol sin fin.
Tomó mi mano y sonrió como sonreía siempre que estaba tranquilo, esas arruguillas de sus ojos que tomaban carácter al doblarse bajo la fuerza de sus mejillas, me hacían sonreír a mi también. Y mientras mis labios se curvaban hacia arriba, note en mi boca el sabor ferroso.
De mis encías broto el rojo liquido como de una fuente rebosante. Broto de mis ojos y de mis fosas nasales, de mis oídos y de mis dedos, caía, caía...
El suelo de baldosas brillantes se llenaba de los gotones que estallaban y morían contra él.
Tu mano se aparto de pronto, las voces de toda esa gente se extinguieron, la brisa entre las ramas, el mismo suelo firme. Todo, se disolvió en una humeante negrura infinita.


sábado, 25 de mayo de 2013

Estabas muerto

Recorro esa biblioteca tan familiar ahora para mi, la que tu mismo me enseñaste, con este vestido verde como un bosque de abetos, con las horquillas en el pelo, apartándolo de mi cara, las que tu me regalaste, parecía estar invocándote a cada latido, parecía tan real.

Recorrí un pasillo entero y otro, buscaba un libro concreto, aunque llevaba ya tres entre los brazos; una extraña historia de cuento con apenas paginas, un gran tomo voluminoso y sin nombre, y un discreto, humilde y sincero relato de paginas amarillentas.

Buscaba en la W, después en un minúsculo rincón para la X y así, distraída, concentrada en mi tranquila tarea, vi tus pies y luego tu rostro. Me quede toda tiesa frente a ti al reconocerte, estabas en mitad de ese corredor, mirándome sin mas, tan sereno y amigable.
La escena, aún dormida, me parecía sin sentido.

No podrías saberlo, cómo sangraba ese corazón al verte de nuevo. Cómo la sangre que perdía a esa velocidad estaba dejándome sin visión, frente a ti.
Y tu dejaste de sonreír al ver mi expresión, mas dura de lo que mi corazón me imploraba. Tu gesto se volvió triste y distraído hasta que yo hable.

   -¿Qué haces tú aquí?

Mi voz sonó tan cruel, tan despectiva, al instante me arrepentí pero es que mi dolor, no me dejaba ni respirar.
Casi como una criatura indefensa y asustada me miraste, arrepentido de no sabias que, se me revolvió el estomago hasta ponerse del revés al oler tu perfume  y ver como uno de tus rizos se movía sutilmente por el cuello de tu camisa.

- Solamente había parado un momento aquí, no iba a quedarme mas de unas horas... solo estoy de vacaciones y esto me pillaba de camino. No sabía que estarías tu aquí.

Te ibas ya, fue lo primero que mi mente pensó con un grito de pánico, te ibas... como siempre te vas. Todos los libros se cayeron al suelo desde unos brazos sin fuerzas.

Tu corriste hacia mi, los recogiste y pensé; “levantaras la cabeza, me miraras, me dirás que me habías echado de menos mientras sonríes de esa forma tuya que hace creer que estas haciendo algo malo, y luego te iras.. o quizás, no me digas nada.. solo te quedes con mi aparente desprecio y yo me arrepienta durante otro año mas o año y medio.. quien sabe”

Era solo un sueño, pero hasta en mis sueños vives para matarme. Así que, sonreíste, pero no como yo esperaba, sino de una forma arrogante y falsa y solo dijiste “Mi novia esta esperándome”

Tu espalda fue lo único que se despidió de mi, te vi pequeño, mas pequeño que nunca. No me asome al corredor para verla a ella, ni baje a la calle por si acaso, solo me desperté y me quede esperándote.

jueves, 9 de mayo de 2013

Engelen

Era un ser a medio camino entre un ramo de posibilidades.
Unos ojos hermosos habrían dicho que parecía un ángel postrado con ese aire digno en mitad de la inmundicia. Pero unos ojos crueles, habrían visto simplemente a otra rata en su agujero.


Sobre sus rodillas se apoyaba, la cabeza casi tocando el suelo, los ojos inmóviles hacia el mismo.
Una única fuente de luz se presentaba en la estancia y solamente alcanzaba a iluminar el espacio que ocupaba aquel ser.
En su espalda la luz mostraba unas extremidades negras, delgadas y alargadas como cables, que hubieran estado en el lugar de las alas de ese ángel supuesto.
Algunas de esas extremidades posteriores eran mas cortas que otras y parecían rebanadas de un tajo, nunca curadas, por lo que desprendían un olor nauseabundo. 
Otras, las mas largas, se movían tenuemente, como miembros agitados por la sangre que impulsa el corazón a través de ellos.
Y así eran, una especia de manos tenían al final los que aun estaban vivos, entre cinco y siete, el resto, mutilados, eran incontables.


El ser vio algo por el rabillo de uno de sus ojos, una de sus manitas negras comenzó a tantear ese suelo extrañamente pulido, alejándose de su círculo de luz, hasta la oscuridad envolvente. El resto del ser no se movió en absoluto, solo uno de sus ojos estaba fijo y atento a la dirección en la que enviaba aquella mano diminuta, el brazo que la unía a su espalda se estiraba infinitamente, mas y mas en la oscuridad, mas profundo, hasta que palpó algo.
El ser, con un silencioso y calculado movimiento de cabeza posó sus dos ojos en la oscuridad, pero sólo su mano podía adivinar algo en ella.

El tacto de aquel objeto era ligeramente rugoso, agradable, se imaginaba opaco, recordaba a la madera. Porque aquel lugar era una biblioteca.

Pero el ser desconocia aquello, sólo en la noche mas oscura había podido vislumbrar apenas, acostumbrándose a la falta de luz, las estanterías, como muros que le separaban del mundo, solo muros, porque los libros le eran imposibles de distinguir, enterrados en las sombras. 

Y ahora palpaba  una de esas escaleras de madera que solo hay en las grandes bibliotecas, para los estantes mas altos. Tocó un escalón, y siguió ascendiendo hasta que su brazo, como con vida propia, se quejó por la excesiva tensión. Y el ser dejo su mano aferrada entonces al primer escalón que había sentido, y sonrió, muy muy poco, apenas perceptiblemente.

El tacto de la madera estaba consiguiendo reconfortarle, sus ojos estaban cerrándose en un gesto de paz, se sentía con ganas de dormir, hacia mucho tiempo que no descansaba. Pero de pronto, con salvaje impertinencia, tan de repente, la voz habló para solo decir: “eso también me pertenece”

Parecía fría, insensible, como si estuviera muy por encima del ser, pero el ser sabia que la voz no era insensible, ni fría, porque alguien así, también seria lógico y practico. Y la voz unicamente ansiaba el poder, la voz ansiaba controlar el dolor, producir el dolor, pero al mismo tiempo la voz no era consciente de ello.

Y en cuanto la oyó, sin vacilación alguna, sacó una macheta de algún lugar entre sus negras protuberancias, y de un golpe tan increíblemente rápido como rabioso, cortó de un solo tajo el brazo que aferraba el escalón. Y este se estremeció un momento, replegándose el muñón hasta quedar tendido cerca del cuerpo del ser, arrojado sobre el suelo, frio y muerto.

Ni siquiera sangró, y el ser ni siquiera gesticuló, ni emitió sonido alguno, pero la paz de su rostro había desaparecido. En su interior su corazón palpitaba violentamente aunque en el exterior nadie podría notarlo, una mezcla de miedo y profunda tristeza halló de nuevo lugar en ese corazón desbocado, en mitad del silencio, en mitad de la insensibilidad. Y su cabeza se acercó un poco mas al suelo y sus rodillas ya no sujetándolo, es estiraron, hasta que al final, quedó tumbado, sintiendo el frío encerado con todo el largo de su cuerpo.


En sus ojos clavados, no había nada.




sábado, 4 de mayo de 2013

"Tenía tanto miedo a quedarme sin ti, tanta adicción me habías creado, que me aferré al único placebo que encontré y creí, que me mantendría a flote durante un tiempo suficiente para curarme de ti... Pero ese tronco también se pudrió enseguida y quede a merced de la tormenta y a merced de tu nuevo veneno, aun cuando llegué a suplicarte que me abandonaras del todo, totalmente loca de desesperación, tu continuaste matándome lentamente, quitándome, pedazo a pedazo, lo poco que me quedaba de corazón. Y cuando desapareciste, fue como ser consciente por fin, con las aguas calmas, de que había naufragado en una noche que nunca terminaba y ya no quería seguir viva. 
Pero debía estarlo.
Debía fingir que vivía aunque te hubieras llevado incluso mi aliento, aunque cada día me recordara que yo te había dejado llevártelo. Porque había quienes sufrirían con mi muerte, y quienes necesitaban de mis acciones en este mundo, y por lo tanto, nadé, y me aferré a los pedazos que flotaban, a veces demasiado fuerte, aun cuando todos se hundían para dejarme de nuevo sola en las aguas, aun cuando yo era consciente de eso. Y el tiempo pasó, pasó de un modo tan estéril en aquella nada que parecieron siglos y cada día en mi interior era mas árido y viejo y nada me saciaba, ni el dolor desaparecía.
Y aquellos que me hablaban decían que pasaría, pero aquí estoy, tras todos estos años, aun sabiendo cuando vendrás porque mi respiración desaparece y mi alma pugna por salir entre mis dientes cada vez que estas cerca. Así que sí, te ame, más verdaderamente que a nada en toda mi existencia, te amé como sabes que nadie lo hizo ni lo hará jamás, porque nadie quizá es tan valiente o tan estúpido para arriesgarse de tal modo."


sábado, 6 de abril de 2013

Mano de hada



Caminaba sobre una tierra adormecida por la lluvia, una lluvia que antes solía colocarle una sonrisa.
Mientras se desplazaba no miraba mas allá de sus pies en movimiento, uno delante del otro, como tantas veces se había repetido, uno y otro.. otro paso mas.
Empezó a pensar, esa idea espesa y apremiante que en soledad se aferraba a sus mas apartados deseos e instintos. 
La idea de la muerte.

Aquella lluvia no lograba diluir ese pensamiento, nada saciaba su hambre o su sed desde que apareció, tampoco su sueño alejaba su cansancio, ni la risa eliminaba su dolor.
Pero ella seguía caminando porque alguien le había dicho que debía hacerlo.

Empezó a preguntarse al topar con su reflejo; qué sentido tiene mi nombre, cualquier nombre que elija o que elijan para mi, qué sentido tiene, qué razón, qué motivo, qué objetivo tiene... ser.
Silencio.


Cuando llegó a un lugar seco se desprendió de las ropas húmedas de abrigo, pero siguió tiritando aun después de pasar horas junto al fuego, había frío en su interior. 
El sueño la llamó.

Y en el sueño vió. Había una mujer delgada como un tallo, que se doblaba singularmente al caminar, con unos ojos empachados de negrura que la miraban, pero veían mucho mas allá.
Sintió en su presencia una repentina alegría desbordante que casi ahogaba su alma.

La mujer sonrió con una linea fina en su rostro verdoso, carente de labios, y le tendió su mano. A través de la piel una sabiduría antigua se infiltrara en su ser, esos ojos negros le hablaron con chasquidos de ramas y golpes de viento, colocándole un anhelo y una esperanza hasta entonces perdidos.

Despertó de sopetón, en sus oídos parecían resonar aun aquellos extraños sonidos, pero al mirar a su alrededor y ser consciente de nuevo, todo lo sentido en el sueño se desvaneció. El peso de su recuerdo la lleno de una extraña determinación.


Después de esa noche, recordó todo con claridad, volvió a pasear sus pies por la tierra mojada, miró la luz del un sol cruel, observo como la gente caminaba por las calles y en su casa, deslizo sus manos por aquellas paredes que había visto desde que tenia memoria. Ya no quedaba nadie que pudiera recordarla o saber de su existencia.
Se acurruco en aquel rincón en el que se había quedado tantas veces hasta el amanecer, hasta que las lagrimas empapaban toda su ropa.


Algunos días mas tarde otra persona pudo explicar cómo sus ojos opacos miraban algún infinito, lejos de la comprensión de ese mundo vivo y humano y como para la incredulidad de aquel desconocido, ella había dejado una ultima sonrisa en aquel cascarón frio.

El silencio, siempre el silencio, guardó su secreto. Y quien era, ya no fue una cuestión real.
Porque cuando ella abrió sus nuevos ojos sintió la vida verdadera en su interior. La mujer verdosa como un tallo le tendió su mano de nuevo, y aquella vez pudo sujetársela y caminar a su lado. Pudo ver ahora, con esa visión para la que todo en el universo parecía claro.

Así ella sintió el musgo bajo sus nuevos pies, y percibió la luz, que era ahora como piedras preciosas cayendo del cielo. Su corazón quedo colmado con cada mínimo aspecto de la vida palpitante que la rodeaba.


Ahora era capaz de comprender, ahora tenia un lugar, un hogar, un sentido, un principio.




lunes, 11 de febrero de 2013

El hombre con los ojos llenos de viento

Sus ojos lo veían todo; las piedras a su alrededor, cubiertas de millares de grietas de tiempo, llenas de vida ignorada. La hierba, y el frío cristalizado en ella, sobre esa tierra negra y fecunda. Las colinas allá azuladas por el brillo del hielo y el manto neblinoso que acariciaba sus cabezas. Y aún lejos, el bosque oscuro, tan espeso que  con su aliento encantado emanando de él le impedía ver las montañas, lo único que a sus ojos se escapaba dentro de aquel lugar que era su corazón.

Pero cuando prestaba algo de atención, podía deleitarse durante horas sin fin en aquella frontera negra; con la nieve de cada rama y sus inmaculados reflejos, y en cada hoja que el aliento visible de cada animal tocaba, los fragmentos de vida en los pedazos de musgo, las profundas arrugas de los troncos, trincheras inexpugnables para los seres mas diminutos y frágiles, y la historia que sus nudosas raíces había grabado según la vivían. 

Él contemplaba sin palabras.


Se levantó de aquella gran piedra pulida sobre la que había visto el amanecer. Sus botas peludas de blanda suela hacían crujir el hielo adherido a la vegetación, que después de quebrarse, permitía a sus pies hundirse en el verdor mansamente.

A menudo solamente continuaba andando sin rumbo para seguir saboreando esa sensación.

No tenía más placeres que aquellos que le regalaba el mismo hecho de estar vivo, el frío en el invierno y la brisa cálida de la primavera. Y de ese modo, el silencio en esa perpetua soledad se había convertido en su música y su voz.


La montaña era su verdadero hogar. Y aquellos nacidos de ella sus auténticos hermanos. Aunque él mismo hubiera llegado de lejos... esos brazos antiguos le habían rodeado y embargado como a un hijo largo tiempo perdido. 












jueves, 10 de enero de 2013

"-Hay un tesoro para cada hombre. Sólo debemos saber cómo tomar esos tesoros. Un traidor no recibe ninguno, un borracho no sabe cómo acercarse a él. No prestéis atención a los tesoros si albergáis malos pensamientos pues el tesoro conoce su valor. No oséis hacer daño al tesoro, los tesoros deben ser apreciados. Ellos no son enterrados con palabras vanas, sino con plegarias y conjuros, y los conjuros inspiran temor reverente. Y donde quiera que haya sangre en un tesoro es mejor no aproximarse a el, los diablos protegen el oro sangriento.
Y si vuestro corazón ha decidido ir en busca de un tesoro, id con cuidado, no habléis en vano, no os mostréis abiertamente, pensad hasta vuestros pensamientos. Habrá terrores delante pero no debéis temer, algo aparecerá frente a vuestros ojos pero no miréis, no tropecéis.
No miréis a vuestro alrededor, no descanséis, pues cada uno deberá descansar después en la tierra. 
De ninguna manera reveléis vuestro tesoro al pueblo, el ojo humano es opresivo y las personas no están acostumbradas a los tesoros que han yacido durante mucho tiempo en la tierra honesta.
- ¿Y dónde está tu tesoro, herrero?
- para mí allí yace escondido, solamente se cuando ir en su busca." 

Shambhala