sábado, 24 de diciembre de 2011

Clarinetist

"…y de pronto un sonido, una sinuosa melodía trazada con suma precisión, pero vehemente con su gracia. La muchacha reposó su cabeza sobre la ventana, para acercarse más a la música.
El clarinete fluía, llegaba más allá de lo que sus corazones palpitantes podían comprender, sus mágicas notas resonaban entre el cemento, pasaban entre la pobreza de aquellos muros sin mancharse, deambulando caprichosas hasta el mismo corazón de la muchacha. Que mirando sin ver entre aquellas grises paredes desconchadas, saboreaba cada nota como el sediento en la sequia.
Y el clarinete acechaba, tras los bajos hasta una complicada sucesión de escalas vibrantes, y como si fuese ignorante de su propia magnificencia continuaba solitario, entre los muros, en algún rincón escondido, demasiado lejos de la muchacha.
Ella tarareaba, y juntos pero solos se acompañaban. Ella piensa entonces que extraño era aquel fenómeno, aquella persona tras el clarinete jamás sabría de los intensos sentimientos que la había producido, como ella tampoco conocería su identidad.
Pero la magia se detuvo en un abrupto final. Ella, hermosa en su soledad, creyente de su insignificancia. Cayó a esperas de un nuevo comienzo, otra nueva esperanza. Pero nada volvió a sonar, solo el viento y el frío. Nada que pudiera salvarla."



domingo, 18 de diciembre de 2011

End of The Dream: XIX

Desperté en la cama del ultimo piso, entre aquellas sabanas purpuras, el estaba a mi lado, dormido profundamente. Algunos de sus rubios cabellos caian sobre su frente, empapados en sudor y su expresión era aquella que yo nunca había visto en su rostro, una expresión de paz.
Durante unos instantes permanecí contemplando su gesto, sintiendo en mi interior aquella paz, como si el mundo fuera nuevo y antiguo al mismo tiempo.
Entonces, cuando deslice mi mirada por el resto de su cuerpo, fue cuando me di cuenta del cambio. Comencé a dirigir mi vista de sus pies al final de la cama, viendo como estos no alcanzaban si quiera hasta su limite. Le desperté todo lo deprisa que pude para avisarle y cuando abrió los ojos, sus pupilas irisadas habían desaparecido, siendo sustituidas por unas iguales a las mías. Él vio el estupor reflejado en mi rostro y de inmediato salio de la cama para buscar el espejo, cuando se alzo frente a el era un humano normal, sus dientes eran como los mios, todo su cuerpo había encogido hasta una estatura media, lo único que permanecía invariable eran sus iris.
Cuando el se giró para mirarme vi sus ojos llenos de lágrimas, una expresión tal de aflicción que mi mente y mi cuerpo se paralizaron por completo para no poder detenerle cuando salió corriendo.

Me quede sola en la habitación, detenida y confusa.

Tras unos instantes me levanté y me vestí con aquel traje que él me había regalado, en un débil intento por cambiar aquel dolor que había visto extenderse por su alma... No comprení que había sucedido y sin embargo algo en mi interior sabia que aquel dolor nunca le dejaría.
Espere hasta que el sol había bajado del alto del cielo, el volvió entonces, vestido y sucio, aun con la amargura muy honda.
Se aproximo a mi y me cogió las manos.
- Esto ha sido... como poco repentino, desconocía que esto iva a ocurrir, pero comprendo los motivos de los ancestros para ocultármelo. He perdido mi cuerpo de dragón, nunca mas volveré a volar, no seré un dragón mas que en el alma. Pero era lo justo, ya que todos los demás han perecido y solo sus almas viven aun en el universo.

Trate de hablar pero el me detuvo.

- Has cumplido tu parte en esta profecía, debes marcharte.- sus ojos se  hinundaron de nuevo.
- ¿por que no puedo quedarme contigo? dijiste que viviría aquí.- la confusión en mi interior aumentaba, comenzaba a sentir como si estuvieran arrancándome algo en mi interior
- dentro de unos meses darás a luz a nuestro hijo y yo no podría proporcionarte los cuidados necesarios hasta entonces, debes volver con los tuyos, cuando él nazca, tu morirás irremediablemente, pero no temas, él vendrá a mi, nunca estará perdido, ni solo.

Ahora era yo quien lloraba. El volvió ha hablar:

- el sera quien reine sobre esta tierra, por la eternidad, junto a mi. Ahora márchate.- la voz le tembló al pronunciar las ultimas palabras, me apretó las manos con fuerza, alzó la mano con el índice y el corazón extendidos, rozo mis labios antes de besarlos y después coloco los mismos dedos entre mis cejas y dios un ligero toque con ellos en el mismo lugar.

Abrí los ojos y aspire el aire claro de la mañana, mire a mi alrededor, el no estaba, el no existía. 

Toque la blanca pared al lado de mi almohada, vi el sol de verano entrando por la ventana y desparramándose sobre mi cama y mi figura.
Había sudado mucho durante la noche.
 

Me acaricie los labios aun sintiendo el tacto de los suyos, y mi frente, porque aun sentía el golpe de sus dedos, mas real que en el mismo sueño.
Entonces, llore, las lágrimas calleron durante todo aquel día, porque el desgarro en mi alma seguía presente en la realidad y los sueños...



sábado, 17 de diciembre de 2011

Dragon's Dream XVIII

Después de la cena el me mostró lo que contenía el papel marrón; lo sostuvo entre sus manos estrujándolo entre nervios hasta que finalmente lo deposito en las mías y yo lo abrí lo mas deprisa que pude. Era un vestido de invierno para mi, con unos zapatos nuevos y para mayor sorpresa un tocado en plata. Le mire sin comprender.
- ¿por que me regalas esto? ¿donde lo conseguiste?
- bueno... lo hice yo mismo, no estaba seguro de si estaba haciéndolo bien pero vuestras instrucciones son sencillas, de modo que creo que te servirá. Vosotros ahora no tenéis nada como eso y aunque es antiguo creo que te gustara distinguirte con el.
Una sonrisa de oreja a oreja se aposento en mi rostro y me reí a carcajadas, sin pensar me abalance a abrazarlo.

Esta vez el recibió mis brazos sin dudas.

Me separe un poco, lo suficiente para que mis labios no se distanciase apenas de los suyos, vi algo de indecisión en su mirada, como si no supiese que estaba bien y que no en ese nuevo mundo.
Alejándome de nuevo me senté en el suelo invitándole ha hacer lo mismo.
- ¿quieres que me lo pruebe?
El hizo un vago gesto con la mano indicando que no le importaba cuando le diese uso, pero yo decidí que si tenia que hacer algo era mejor que fuera cuanto antes.
Me puse en pie y apague las velas cercanas, dejando solo aquellas cuya luz apenas nos rozaba. Yo solo era capaz de vislumbrar el brillo sobrenatural de sus iris y ligeros contornos de su piel. El posiblemente podía verme mucho mejor, pero abandone ese pensamiento para no ponerme mas nerviosa.

Comencé a desvestirme despacio, dejando tiempo para que el me interrumpiese si lo deseaba, pero no lo hizo, solo vi la intención cuando alargo el brazo y su boca se entreabrió por la sorpresa. Pero después asintió con su acostumbrada expresión solemne y me dejo continuar.
Me desnude por completo, sintiendo de pronto el verdadero frío que emanaban las paredes de piedra. Le mire, esperando alguna respuesta pero el solo me contemplaba con ojos sinceros y de algún modo, conmovido.

Entonces extendió el brazo y me ayudo a sentarme junto a el, sobre la cálida alfombra.
Intente adivinar que pensaba, pero era inútil, nada traspasaba aquella mirada fija en mi. Me acaricio la mejilla y sin detener el contacto fue deslizando sus manos por todo mi cuerpo. Yo temblaba sin poder evitarlo, de miedo y sorpresa, pues de ningún modo esperaba que el supiera que debía hacer.
Yo incapaz de moverme, el sonriente, me beso. No fue un beso experimentado en absoluto y eso hizo que me relajara, realmente el no sabia que hacia, solo seguía los instintos grabados en su nuevo cuerpo.

Fui desnudándole con cautela, atenta a cualquiera de sus gestos, en su cuerpo había heridas extrañas que en la penumbra no pude identificar.
El temblaba también, en aquel momento volví a adquirir conciencia del enorme tamaño de su cuerpo pues el había comenzado a colocarse sobre mi.
Le mire preocupada y el comprendió, se aparto dejando que fuera yo quien estuviese sobre el para evitar que me aplastase. Nos miramos como si fuéramos niños asustados en un lugar desconocido y entonces me incline para besarle largamente.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Dragon's Dream XVII

Al día siguiente fui yo quien le busco a el. Le encontré paseando distraido de espaldas a mi, en dirección a mi casa, yo había salido antes para sorprenderle. Cuando lo logre le guié hasta lo profundo del bosque sin mediar palabra hasta alcanzar el punto exacto que deseaba.
- bueno, te he traído aquí para...-en aquel momento me di cuenta de que ni siquiera yo sabia muy bien que iva ha hacer.-quería decirte que si, acepto.
Aquellas palabras hicieron que el sonriese levemente y a sus mejillas ascendiera cierto rubor acalorado, mas emocionado que vergonzoso.
- ¿estas completamente segura de ello?
le mire con atención, deseando que el notase que no, no lo estaba en absoluto. Pero no era sensible a mis gestos y no lo hizo.
- después de todo, no tengo otra opción, después de lo que me contaste ayer... creo que es lo único que puedo hacer y no puedo negar que te... aprecio.
El inclino la cabeza no muy convencido pero finalmente en un impulso me agarro del brazo y me condujo a otro lugar.
El trayecto fue largo, recorrimos el bosque en toda su longitud y el no respondió con palabras a ninguna de mis preguntas, solo sonreía y caminaba en enormes zancadas sin detenerse a coger aliento si quiera, después de un buen rato alcanzamos una vasta pradera y en sus limites vi una torre de piedra gris. Estaba allí plantada como si acabara de caer del cielo, sola, rodeada únicamente de hierba y tan alta y lisa que ni las ventanas sobresalían minimamente.
El se detuvo en aquel limite de sombras y claridad para mirarme, me contemplaba de un modo que no había mostrado hasta entonces, completamente concentrado en mis facciones, en mi mirada, como si quisiera recordar ese momento para siempre.
- Esa es mi casa.-dijo
y acto seguido volvió a cogerme la mano y de un tirón reanudamos la carrera hasta la torre.
Al estar cerca pude apreciar que en el portón de madera estaban talladas unas frases en idioma desconocido, el no las tradujo aunque se lo pedí, pero las leyó mentalmente al entrar con expresión solemne.
En toda la construcción solo había tres estancias, un recibidor, un salón, y en lo mas alto, una habitación. El me llevo hasta arriba pero volvió a bajar sin decir palabra.
Las paredes eran de piedra viva, nada de pintura, madera o cemento, únicamente algunos grandes tapices sencillos y cálidos cubrían ciertas zonas. Era una construcción nueva, al menos lo parecía, las ventanas eran de un buen cristal, muy limpias y pulidas, sin ninguna clase de metal.
No había apenas muebles en  ninguna de las estancias pero aquella era la mas austera de todas. A un lado estaba una mesa de roble con papeles y material de escritura, junto a ella solo una silla simple. Ni una vela. Al otro lado, tras unas cortinas de terciopelo purpura encontré la cama, era grande, pero pequeña en comparación con su propietario por lo que no deje de preguntarme porque no había  escogido una mejor y entonces me di cuenta de que el probablemente no conservase siempre esa forma humana, por lo que no le era necesaria.
La colcha era también de terciopelo purpura y las sabanas de satén del mismo color. Me entretuve acariciándolas un buen rato pues hacia mucho tiempo que no veía ese tipo de tejido.
En un momento determinado me di cuenta de que el sol se había ido y el silencio era mayor que de costumbre, el no había vuelto, me pregunte entonces sintiéndome estúpida porque seguía allí y porque el me había llevado. Me di cuenta de la razón, y aun fue mayor mi arrepentimiento. Sin embargo me quede allí sentada, a pesar de todo, pues también era consciente de que sin el sol no lograría encontrar el camino de vuelta.

Tuve miedo, temblé. Pero nada ocurrió.

Al cabo de unos minutos me levante con un suspiro y baje al salón, el tampoco estaba allí, pensé que me alegraría de que fuera de ese modo pero mi corazón se acelero asustado, ya no le temía, deseaba su compañía y verme sin ella me aterraba.
Seguí bajando, esta vez deprisa, las escaleras se hicieron infinitas. Cuando llegue al recibidor vi dos velas encendidas, pero el tampoco estaba allí. Así que con temor finalmente abrí el portón de la entrada para descubrirle sentado junto al muro.
Estaba contemplando el firmamento estrellado, como una estatua eterna, con las piernas extendidas sobre la mullida hierba y los brazos acariciando algo envuelto en papel marrón.
- ¿que haces aquí fuera? ¿por que me dejaste sola allí arriba tanto tiempo?-pregunte
El me miro otra vez de aquel modo nuevo y sonrió dulcemente, como soñando.
- quería que tuvieras libertad para investigar tu nueva casa
en un primer momento el corazón salto en mi pecho, y me sonroje, después temblé otra vez imperceptiblemente y me acerque a el con la curiosidad brillando en los ojos.
- ¿mi nueva casa..?
- dijiste que aceptabas el trato, esto forma parte de el, vivirás aquí conmigo hasta el final de tus días.
el seguía sonriéndome de aquel modo e indeciso acaricio mi mejilla muy despacio como temiendo haberme entristecido o asustado.
Por un lado pense en no poder volver a ver a nadie en el pueblo, estar encerrada... pero algo en el me dijo que no tardaría mucho en poder volver allí si lo deseaba.
- Me gusta mucho este lugar, creo que seré feliz aquí.-le susurre intentando tranquilizarlo.
- entonces creo que es hora de entrar dentro y cenar algo, ¿no tienes hambre?
- si, por supuesto, entremos...