viernes, 30 de septiembre de 2011

Dragon's Dream II

La urbanizada civilización era un caos absoluto, las personas huían aterrorizadas, empujándose, atropellándose y aplastándose unas a otras. Intentaban escapar de toda clase de peligros, inundaciones, temblores, devastadores incendios, iras, miedo... Trate de avanzar entre la multitud de cuerpos en tensión, no comprendía lo que veía,  ni siquiera sabia a donde iría a parar, hasta que una mano enguantada me arrastro al interior de una puesto militar. La mujer que me había salvado era de estatura media, con movimientos rápidos y precisos me examino, era medico, llevaba toda su melena castaña recogida en una coleta que dejaba escapar sus numerosos rizos.

Ella se sentó frente a mi y por un momento pude ver perfectamente su rostro, me sonrió en medio de un suspiro y me dijo unas pocas palabras que nunca llegue a oir porque el Dragón regreso, y calcino todo de nuevo a mi alrededor.
Otra vez estaba sola, en medio de la destrucción y del acallado clamor caótico. Nada que temer y nada que dejar atrás, no podía pensar en nada mas que en estas palabras.


Dragon's Dream

La luz era tenue e intensamente cálida a la vez, risas, apretones de manos, todo parecía feliz, perfectamente en su sitio.
Yo me hallaba en el extremo mas alejado de la mesa familiar, mi plato estaba lleno de un jugoso pavo asado y sonreía, ampliamente, como creo que jamas había sonreído. Mi familia me hacia dichosa por primera vez.
La fría navidad invernal acechaba en el exterior, por ello las ventanas atenuaban el impacto de los copos mediante un espeso entumecimiento vaporoso.

Entonces un extraño sonido apago todos los demás, el silencio se marco en los rostros,  todos juntos observando con atención el techo sobre sus cabezas. De nuevo otro sonido que no nos dejo tiempo a exhalar un grito de auxilio, porque el tejado se desplomo sobre nosotros tan deprisa que nadie logro si quiera ponerse en pie.
Cuando recobre la conciencia mis miembros estaban entumecidos, mi rostro empapado en sangre y sudor, mis ojos apenas podían abrirse para ver la tragedia. Sabia que estaban muertos. Sin embargo no llore, aquella sensación de soledad oprimía mis pulmones desde dentro como una garra, una garra negra y afilada que me impedía liberar cualquier diminuto fragmento de alegría o dolor. Aquella sensación me salvo por prima vez, pues cuando abrí mis ojos por completo en medio de mi mutismo pude ver sobrevolandome al mas inmenso y aterradoramente bello de los seres. Un grandioso Dragón rojo, violeta y azul.




 

Comencé a temblar convulsivamente, algo que incluso me hizo darme cuenta de que podía salir de allí.
El animal se marcho con prisa y yo me libere de entre los escombros que extrañamente apenas me habían cubierto. No me detuve a observar la escena, no busque a nadie. En mi corazón sabia que ya no les volvería a oir, ya no estaban aquí, de aquel modo me aleje, todo lo deprisa que pude, mas y mas lejos por las interminables praderas hasta encontrar la ciudad.