martes, 31 de mayo de 2011

III

El ruido me despertó, mis hermanos comenzaron a gritar asustados mientras mi madre trataba de calmarnos sin conseguirlo, me miro, pidiéndome ayuda, y yo hice lo propio, los acomode con suaves golpecitos de mi morro y pronto dejaron de llorar aferrados a los pezones de ella.
En cuanto acabe me volví hacia la puerta, se oían pasos, personas transportando pesos de un lado a otro demasiado deprisa. Me preocupe por Dawn, no nos había traído desayuno.

Pero justo cuando mentalizaba estas palabras ella entro por la puerta, me asombro ver que se había arreglado, estaba de buen humor, aunque algo en su rostro me hizo ver que aún no estaba muy convencida de ello.

Dejo un cuenco con algo de leche templada y una buena comida para Mish, al parecer hoy había premio, restos de un asado con  crujientes croquetas para gatos. (Otro invento, comida especial para gatos, eso se llevó la palma cuando lo vi, no me agrada mucho comer lo mismo cada día)

Entonces cuando mi madre se lanzó sobre el plato Dawn me miro sonriendo débilmente.

- Que tal estas Pum?-ella me había apodado Pumpkin Jack, un nombre que no me desagradaba a pesar de recordarme a un sucio tabernero irlandés.

Acto seguido me cogió y me acaricio el vientre, yo me retorcí por las cosquillas, aquello la hizo reír y me alegre profundamente. Cuando quiso dejarme en la caja de nuevo me aferre a su brazo desnudo, e inmediatamente me arrepentí por haberle clavado mis afiladas uñas, pero ella no me lo reprocho. Me cogió y me sentó en su regazo, me miraba intensamente.

- Nos tenemos que ir pequeño Jack, ha habido problemas… problemas graves…-su voz temblaba, ella trataba de ocultarlo pero estaba deseando poder llorar.- esta casa no es nuestra ¿sabías?, pertenece a alguien que no nos desea ningún bien, por eso he convencido a Robert de que nos vallamos… aunque él a su vez me ha convencido del siguiente lugar en el que pararemos…-aquella última afirmación hizo que un gesto amargo se posara en su rostro, me dolió verla así, pero aún más el hecho de que yo, tan pequeño como era, no podía ayudarla en lo más mínimo.- Aun así-continuó ella- Me han permitido llevaros con nosotros y eso es una muy buena noticia, temía que tuviera que dejaros aquí… eso sí que no lo aguantaría, eres mi único amigo pequeño diablo.-sonrió con los ojos velados por las cristalinas lágrimas, pero antes de volver con Robert se sobrepuso y oculto su dolor, aquello no me gusto lo mas mínimo, yo la hubiera permitido llorar largamente.



. . .



La mudanza fue bastante aparatosa y desordenada, nosotros fuimos lógicamente los últimos y aun así pude ver como llenaban un coche exageradamente pequeño con un montón de cosas que apilaban sin más, sueltas por todos los asientos. La caja en la que había pasado la mayor parte de mi vida gatuna se vino con nosotros, ni siquiera nos sacaron de ella para el viaje, ni a mí, ni a los demás, incluyendo también a mi madre. Nos colocaron en el asiento del copiloto junto a un Robert conductor y  delante de una Dawn muy apretujada entre montones de objetos variados. Era de noche, la mudanza había durado todo un día, y ahora al fin parecía que ese sería el último viaje, los rostros de Dawn y Robert se mostraban cansados, contentos del seguro infierno que habían vivido en aquella casa prestada, pero aun así tristes porque algo peor parecía aguardarles.



El viaje fue extremadamente corto, no pude distinguir apenas nada a través de las ventanillas del vehículo por lo que pronto decidí dejarme llevar por el sueño, después de unos 5 minutos llegamos a nuestro destino, era una casa de dos pisos, no muy maltrecha pero tampoco tan nueva como la que antes habitábamos. Tenía múltiples ventanas diminutas en todas las direcciones y una puerta grande de madera maciza. Dawn le pidió a Robert que le permitiera llevarnos ya dentro, y él se lo conducido de mala gana, no parecía estar muy contento con nuestra presencia, y sin embargo algo me decía que los gatos le gustaban bastante.

Otra anécdota que se me ha olvidado contaros: el idioma. Mi idioma nativo es el inglés, una lengua que considero superior a las demás en muchos aspectos pero que sin embargo siempre se ha visto superada por otra en un campo, el español en lo referente a la literatura, desde mis principios aquel fue un idioma que me intereso aprender y que más tarde me convino saber en mis relaciones económicas, sin embargo, nunca pude imaginar que sería este el que me abriría las puertas algún día.

El español era la única lengua que yo había oído hablar a Robert, Dawn conocía esta lengua a la perfección y siempre procuraba hablarla con él, pero sin embargo, con el resto del mundo, hablaba inglés, incluso con nosotros. Yo podía apreciar que se expresaba con mayor fluidez y comodidad en español pero que al parecer se sentía mejor si lo que usaba era el inglés. Aquella diferencia se me hizo inexplicable desde el principio, si hablaban en ingles debían de encontrarse en Britania o en alguna de las colonias, pero si no eran ingleses  ¿qué era lo que les había traído hasta allí? Eran incógnitas sin respuesta por el momento.



Ahora, continuemos con el día de la mudanza.



Dawn cogió la gran caja no sin esfuerzo y trato de hacerla pasar por la puerta de madera oscura, Robert se había quedado sentado junto al coche y no parecía darse cuente siquiera de que Dawn necesitaba su ayuda, solo hasta que ella se vio desfallecer del cansancio se la pidió y este aun tardo en enterarse de la situación, aunque le ayudo sin rechistar.

Cuando gracias a los fuertes brazos de Robert subimos unas estrechas escaleras nos encontramos en lo que era una cocina, para mi sorpresa aquella cocina no era tan avanzada como la de la casa anterior, aún conservaba un horno de leña, y los fogones no eran placas negras eléctricas, sino fogones de llama. Robert nos depositó en un hueco que parecía expresamente preparado para nosotros, me pregunte por que no nos habían dejado en el baño de aquella casa, pero aun no podía obtener respuesta, la cocina olía a cerrado,  a viejo, no parecía haber sido usada en mucho mucho tiempo y sin embargo, se notaba que alguien había estado limpiándola a conciencia, supuse que había sido Dawn.



Entonces, justo después de que Robert saliera por la puerta comenzó de nuevo el barullo, era plena noche pero la mudanza no podía detenerse, ambos, Dawn y Rob, comenzaron a ordenar todo lo que habían traído, fue cuando me di cuenta del porqué de esa cocina y  de la desilusión de Dawn por la mudanza. Aquella casa no iba a pertenecerles ni siquiera como prestada, lo que ellos iban a poder usar era simplemente un dormitorio y una cocina en desuso. A través de la puerta entre abierta que dejo Robert pude apreciar como subían todas sus cosas y las colocaban entre esta cocina y la habitación inmediatamente al frente, nada más, no bajaban nada, ni alejaban nada, solo esas dos míseras habitaciones. Inmediatamente supe que su situación económica era muy pero que muy precaria, lo supe en cuanto Dawn comenzó a descargar las bolsas que portaban los alimentos, las únicas dos bolsas que tenía para ese fin. Solo llevaban un par de conservas, algo de pasta, y todo lo necesario para cuidar de nosotros. En ese momento el corazón me dolió, y pude ver lo que Dawn se había esforzado por Robert y por tenerme a mí, por eso a Robert no le gustaba nuestra presencia, por eso nunca nos tocaba. Dawn le había suplicado una compañía cuando él se ausentaba tan a menudo, y ella había sacrificado su propio bienestar por tenernos a nosotros. Sin embargo ella apenas se quejaba ante él, todo lo depositaba secretamente en mis oídos, las cosas que la alegraban y las que la entristecían profundamente, al parecer Robert no deseaba escuchas aquellas cosas y ella tampoco tenía la oportunidad de relacionarse con nadie más.

En un arrebato salí de la caja para buscarla, ella se dio la vuelta al oír mis maullidos y una sonrisa ilumino su rostro al verme sobre las cuatro patas andando y explorando el exterior, algo que nunca había hecho antes. Llamó corriendo a Robert para mostrárselo, yo temí que aquello no fuera una buena idea, pero el vino y sonrió a su vez, parecía una sonrisa sincera, aunque nunca supe discernir si era por mí o por la felicidad que ella mostraba. Aquella fue también la primera vez que el me cogió y me acaricio, sus manos eran abrasadoramente cálidas y su pelo largo y oscuro me acariciaba sin quererlo el morro.



Aquella noche dormí tranquilo, Dawn y Robert se habían reconciliado, al menos en parte, aunque las cosas les fueran tan mal seguían juntos, Dawn no tenía a donde ir sin Robert, ni casa, ni familia, ni trabajo, Robert podía quedarse allí, porque aquella casa era de sus propios padres, pero no hubiera soportado la marcha de Dawn, se querían, verdaderamente, y eso me hizo conciliar mejor el sueño.







jueves, 19 de mayo de 2011

II





Con el paso del tiempo en aquel cuarto de baño y el desarrollo acelerado de mis sentidos logre llegar al conocimiento de que el tiempo transcurrido durante mis vidas animales había sido mas del que creía, al morir y comprender que el cielo cristiano no me aguardaba tuve la esperanza de poder acabar reencarnado en humano y conseguir volver a mi posición anterior, pero solo hasta llegar a mi séptima vida no comprendí cuan alejado estaba mi siglo natal.

Lo comprendí por todo lo anómalo y nuevo que me aguardaba alrededor, El aseo no se mantenía caliente mediante carbón o leña como esperaba, sino que los humanos se limitaban a tocar con la punta de sus dedos unos botones o a girar la manecilla correcta y el agua salía caliente, y lo mismo pasaba con casi todo.

Al alcanzar esa realidad me vi presa de una profunda melancolía, mire el calendario que casualmente reposaba en la puerta y el año que marcaba estaba ya lejos de mi 1767. Mi familia, mi mansión, mis amigos, mi puesto, todo estaba ya perdido, enterrado, y en ruinas. Aun así, no deseaba dar rienda suelta a mi dolor, no podía rendirme, algún día volvería aunque fuera solo para ver los restos.



Después de la pena vino una alegría;  podía ser capaz de hacerme entender por los humanos, gracias a una maquina muy especial que Dawn usaba con asiduidad: el ordenador. 

Las teclas de ese diminuto contenedor negro eran suaves y ligeras, por lo que yo perfectamente podía accionarlas con mi peso, sin embargo, aún era muy pronto para poder hacerlo.

Todas las mañanas veía a Dawn sentarse en la mesa del comedor frente al baño y encender aquel artefacto cargado de información, me alucinaba observar aquellas luces y sonidos espectrales y mágicos,  mi carita de sorpresa le enternecía el corazón a ella, que me dejaba acurrucarme en la mesa al lado de aquel ingenio.







Durante aquellos días fui feliz, hasta que inevitablemente llego de nuevo la pena.



Una noche, Dawn no vino a despedirse, algo había sucedido más allá de la puerta que me separaba del mundo, lo supe en cuanto su voz tembló y sollozo al otro lado de la pared.

Entonces comprendí porque buda me había llevado hasta allí.



Ella gritaba y lloraba al mismo tiempo, mientras Robert murmuraba casi inaudiblemente, parecía que estuvieran peleando por algo serio, pero él no la gritaba ni se enfurecía, parecía… cansado, terriblemente cansado de la vida. Después oí portazos, y luego, silencio. Un silencio tan extraño y doloroso como lo era la oscuridad en mi corazón.

No logre dormir en toda la noche, trataba una y otra vez de salir de aquella caja para buscar a Dawn, para consolarla con lo que pudiera hacer un gatito.

Cuando de pronto, aprecie sobre mí unos grandes ojos penetrantes, me volví, totalmente descompuesto y atemorizado, y vi a mi madre, observándome con dureza. Permanecí mirándola unos instantes, sin comprender, hasta que no logre soportar la incertidumbre y agache el cabeza, acobardado.

Ella siguió mirándome aun cuando Dawn entro en la habitación  para alimentarla, la muchacha se extrañó ante la nula reacción de la gata que sencillamente ellos apodaban “mish”, pero parecía apurada por las prisas y no se quedó a analizarlo con más detenimiento





La vi salir y golpearse con los muebles en la oscuridad, de nuevo, una parte de mí se fue con ella, deseando con toda la fuerza que me restaba que ella volviera a mí.

Después de aquella pequeña interrupción mi madre volvió a centrarse en mí, mis hermanos dormitaban entre las mantas, nosotros dos nos mirábamos como en un sueño en sombras.



-¿Quién eres tú?-maulló bajísimo ella.

Al acto mis sentidos se alertaron, durante mi vida como animal jamás había podido comprender a ninguno de mis congéneres a excepción de los reencarnados, no hablábamos un lenguaje humano como animales pero sencillamente parecíamos utilizar el lenguaje animal de otra manera que los propios animales no podían desarrollar, sin embargo, aquella gata aburrida y perezosa, totalmente corriente y despreocupada de todo sabía hablar mi idioma.



Mish esperaba una respuesta y no parecía importarle mucho cual fuera, volvió a preguntar.

- ¿Quién eres?-mi expresión aturdida y temblorosa pareció convencerla de que tendría que explicarse.- He tenido muchos hijos, y se cuándo uno de ellos es distinto, pero tú eres algo más, alguien más, ¿quién eres?

La sencillez de sus palabras me obligo a responderle claramente.

- Mi nombre es… o era, Lord Nelson.

Mish asintió satisfecha y se recostó para dormirse, mi expresión tornó de asustada a indignada en décimas de segundo, aquella gata me sacaba de mis casillas.

- Espera, espera, no puedes acabar así.

Ella me miro indiferente.

-¿y por qué no?

Su lógica volvía a desconcertarme, por un momento me pregunte si todos los gatos tendrían esa forma de pensar.

- Explícame como sabes todo eso, como sabes que no soy un gato.

Ella sonrió ampliamente dejándome ver sus colmillos, me sentí terriblemente indefenso y débil.

- Por lo mismo por lo que tú no sabes cómo hablar el idioma correspondiente a tu condición.-después de una pausa eterna continuo más segura de sus palabras.- Mi madre era como tú, los recuerdos de ella se van borrando lentamente pero aún me es útil lo que me enseño. Me dijo que los que caminan-en-alto, los que nosotros llamamos Sonamnu, no desaparecen cuando mueren como nosotros. Ellos van a otro lugar, muy distinto y a veces, antes de llegar allí, se desvían del camino y caen de nuevo a este mundo, pero cuando caen ya no son los de antes, son otra cosa.-ella espero a ver mi reacción, y volvió a lamerse los colmillos.

Yo me quede totalmente aturdido era demasiada información después de tanto tiempo en el silencio, al parecer los gatos eran más inteligentes que los animales puramente salvajes, sin las ataduras de la supervivencia habían desarrollado más su mente, pero aun así no lograban alcanzar a un ser humano, su memoria era frágil.

- Entonces, tu madre era una persona antes de ser un gato.

- Así es, pero entre nosotros no nos llamamos así, somos los Sotag, aquellos otros que también viven con Sonamnu son los Sorrep. Mi madre tampoco sabía hablar muy bien otros idiomas, pero me enseño el vuestro por si me encontraba con alguien como ella: tu.

De pronto sentí unos deseos tremendos de abrazarme a su pelaje, después de todo no era tan mala como había creído, la sonreí y me metí entre sus patas delanteras, y ella me estrujo en lo más parecido a un abrazo. Después de toda la noche, logre quedarme dormido junto a ella, sin olvidar a Dawn que baño mis intranquilos sueños.





martes, 10 de mayo de 2011

The life adventures of Lord Nelson

Prólogo



Mi séptima vida comenzó, curiosamente, como gato.



Hacia el final de mi sexta vida como hurón en Nepal sentí un escalofrío recorriéndome y de pronto, morí, pero no me reencarne inmediatamente, sin saber cómo ni por qué estuve un tiempo en alguna clase de limbo entre la tierra y el nirvana, o la luz, como prefiráis.

Durante ese espacio de tiempo pasaron dos cosas, la primera, que para mí la velocidad del transcurso de los años fue infinitamente más lenta que para el mundo real, y la segunda, es que no recuerdo nada de lo que dije o hice.

Por lo tanto hasta más o menos el mes de vida gatuna no estuve seguro de donde estaba.






I

Después de una sensación de terrible ligereza en todo mi cuerpo caí como un plomo sobre algo mullido y cálido, fue un comienzo reconfortante. Después lo primero que oí fueron unos agudos chillidos desesperados, gracias a lo cual supe que estaba entre mamíferos indefensos.

Trate de ver algo pero mis parpados estaban fuertemente afianzados unos contra otros, y mis ojos aun no muy desarrollados me pesaban en el cráneo que parecía ser más grande que yo mismo.

Me sentí terriblemente débil y menudo, como si mis huesos fueran de cristal y mi carne apenas una sombra de la desnutrición, acababa de nacer pero no tenía hambre.

Sabía que lo primero que debía hacer era encontrar a mi madre o moriría pero no la percibía allí, me acerque con sumo cuidado a los aullidos que ya comenzaban a apagarse y note su pelo suave, el tacto no era muy distinto al de mis hermanos hurones, por lo que durante un momento temí haber vuelto a repetir la misma vida, pero al oír de nuevo sus gritos más de cerca me di cuenta de que no, aquellos parecían gatos.

Me arrime a ellos y me hice un ovillo.

Nuestra madre nos había limpiado de las membranas de su vientre y sin embargo yo no recordaba sus lametazos, ella no se encontraba con nosotros, así que lo primero que vino a mi mente fue el recuerdo de mi primera vida como humano en la cual había nacido muerto, supuse de inmediato que eso es lo que había ocurrido, por eso estaba apartado de la camada, de algún modo buda había insistido en que esa vida me correspondía ahora, no pude evitar preguntarme que designios tan específicos tendría en ella para mí.



Al cabo de unas cuantas horas pude conocer a mi madre al fin, mis otros tres hermanos dormían, yo permanecía alerta. Pero por suerte la única que vino a nosotros fue ella.

Su lengua rasposa me aparto los últimos restos de sangre de la cara y nos provocó la micción a todos, por lo visto mis congéneres habían tenido ya su primera comida, sin embargo yo estaba vacío, y ahora sí, hambriento.

Su cariño era algo dudoso conmigo, parecía no estar muy segura respecto a si debía alimentarme o no, posiblemente debido a mi resurrección, pero todas sus dudas se disiparon cuando yo mismo halle sus pechos cargados.

Aquella leche era espesa y sumamente nutritiva, algo dulzona, pero sin duda la más espesa que probé en mi vida, bebí con avidez hasta estar lleno.

Mis hermanos no me quitaron la comida, al parecer había de sobra para todos, aquello me agrado, en mi cuarta vida como búho  tuve que sufrir múltiples y dolorosos picotazos que me causaron infecciones.



Los siguientes días no sufrieron variación, ella venia, nos limpiaba, nos amamantaba y después volvía a irse, en ese tiempo me dedique a examinar con mis pobres medios el lugar en el que nos había depositado, parecía una bodega, la humedad y el olor a licor eran intensos,  las arañas se movían bajo nosotros creando sus telas y engaños.  Pensé en mi futuro como gato callejero nacido en una bodega, no me agrado demasiado, en mi vida humana yo mismo había maltratado gatos y ahora estaba en su lugar, cruel destino.



Pensé en todo aquello inmerso en mis recuerdos hasta que al cuarto día un humano irrumpió en nuestro nido.

Mi instinto me alerto enseguida de una presencia extraña, mientras que mi razón me dijo lo que mi corazón temía, solamente podrían desear cogernos por una razón: nuestro sacrificio se exigía.

Comencé a temblar imaginándome un gran clavo metálico dividendo mi gran cabeza en dos.

Cuando la presencia humana se acercó algo en ella me distrajo de mi propia muerte,  olía a moras y a loto, a rosas  y a lilas, el dulce aroma me embriago por completo. Aquella debía de ser una mujer.

Unas manos muy finas y suaves nos cogieron uno por uno y nos metieron en una especia de bolsa con mantas, aquello era mucho más cómodo que la madera. De pronto la bolsa se alzó en el aire, y pude oír como nuestra madre maullaba desesperaba bajo nosotros. 

El saco se bamboleaba con el movimiento de las piernas humanas, pero aquello no me disgustaba, las mantas olían a jabón, lo que significaba que no iban a matarnos, nadie se tomaría la molestia de usar unas telas nuevas y limpias para unos gatos callejeros que fueran a eliminar. Me aferre a esa idea con esperanza.



Después de un corto paseo por el aire de la noche el saco se posó con delicadeza sobre algo duro, oí a mi madre maullando de nuevo e intentando cogernos para devolvernos a la bodega, pero otra vez las manos que olían bien nos cogieron para depositarnos en una caja de cartón acolchada. Nuestra madre nos alcanzó y se enrosco sobre nosotros protectoramente, no tuve queja por su poca delicadeza al aplastarme, aquello me mantendría vivo.



La noche transcurrió sin percances, la caja estaba situada  en una especia de cuarto de aseo, olía a agua fluyendo y a jabones, eso significaba que nuestra madre era propiedad de algún humano y al parecer nosotros también.

Después, pasaron las semanas, mi madre no se despegaba de nosotros, comía al lado lo que le servían y nos acicalaba a menudo. Aquella vida relajada y acomodada me gustaba más que la vida salvaje, se acercaba a mi vida humana como lord en Inglaterra a excepción del abundante pelo y el cascabel en el cuello.

De vez en cuando escuchaba la voz de la mujer, nos acariciaba con ternura y nos había puesto nombres, mucho menos a menudo también se acercaba un hombre que juzgue corpulento por el ruido de sus pisadas y su respiración, ella le llamaba Robert, pero el hombre no mostraba el mismo entusiasmo  por nosotros que la mujer. La voz de ella era melodiosa y suave, me gustaba ciertamente, deseaba quedarme con ella, pero el sueño siempre me abordaba cada poco y no podía estar muy atento a lo que nos decía.





Después de un par de semanas, pude abrir los ojos, y vi por primera vez como gato la luz de la mañana, se filtraba a través de unas cortinas blancas, eso fue todo lo que pude distinguir ya que mis ojos  aun no estaban lo suficientemente desarrollados, y por si fuera poco, todo estaba en blanco y negro.



Siendo búho los colores no eran tan nítidos y brillantes como humano, pero había algunos matices, en mi vida como reptil solo percibía contornos y fuentes de calor que estaban distinguidas por tonalidades de rojo y amarillo, durante mis años ratoniles también vi pigmentos en las cosas, creo que fue lo más parecido a ser humano, incluso por las pulgas. Pero sorprendentemente como gato todo eran sombras blancas, grises y negras.



Disfrutando lo que podía de mis ojos abiertos agudice en los siguientes días este sentido, a los dos días ya veía casi perfectamente, por lo que pude presentarme a mi madre al fin.

Era una gata blanca, no muy limpia, pero completamente blanca, que me miraba con sus ojos claros totalmente irisados por el sol, su expresión era de una completa modorra pasiva, y sin embargo algo en su mirada me inquietaba.

Enseguida yo apartaba mis ojos grandes y redondeados de ella, mis hermanos se abrazaban a su pelaje y la lamian, yo prefería mantenerme algo distante, lo que ayudo sin saberlo a mi salvación.

Ese desapego maternal me hizo aparecer ante mis dueños como un gato independiente y listo, curioso y vivaz, lo cual no era del todo mentira. Ellos me cogían más que a ninguno de mis hermanos, parecía claro que se quedarían conmigo. Fue en esos días cuando la vi por primera vez, se llamaba Dawn por lo que dijo Robert, y era hermosa.

No podía evitar alzarme sobre mis patitas delanteras en mi nido de cartón para quedarme mirándola completamente fijo, poseía una belleza anómala y difícil de olvidar, sus labios eran carnosos como los de una muchacha africana que conocí en un cabaret, pero por el contrario su piel eran perlina y tan blanca como la nieve, su cabello, negro (al menos, muy oscuro segun podia apreciar) y tan fuerte y liso como el de los indios en las américas, sus ojos poseian vetas de muchos tonos distintos, como si fueran de varios colores, desmintiendo cualquier clase de influencia puramente Británica en su sangre.

Un día, Dawn se acercó a mí con una sonrisa pícara en su rostro.  Yo la mire como mi sonrisa gatuna y mis patitas delanteras erguidas, mi cuello estirado y mis ojillos aun incoloros bien abiertos. Entre sus manos portaba un pequeño espejo que coloco frente a mí, supuse que ella esperaba alguna clase de reacción graciosa por mi parte, y yo le correspondí, comencé a olisquear la imagen como si no supiera quien era el que estaba frente a mí, pero lo sabía, era yo mismo, y aunque no podia distinguir firmemente el color de mi pelo en esta vida se que era de nuevo igual al de mi vida humana, de un pelirrojo intenso, atravesadoesta vez por rayas mas claras, que supuse blancas. Dawn rió al ver que la miraba expectante, su sonrisa era tan bella como el amanecer en mi Stirling natal.

Después se fue dejándome míseramente solo.



No puedo decir que no me enamore de ella, es muy probable que así fuera, pero también la quise como a una hermana, después de todo ambos cuidábamos el uno del otro, y ella, al fin y al cabo… ya estaba enamorada de otro hombre.